Relacionar el Arkegrama con la ecología quizá nos permita entender mejor la relación entre la representación, el modelo o mapa, y lo representado, el medio ambiente. Partimos de que el modelo, el mapa no es el territorio, aunque contar con un mapa adecuado nos permite comprender, no qué es, ni de qué está hecho, sino cómo se estructura ese territorio, cuales son sus relaciones energéticas, sus dinámicas y procesos.
En la medida en que el Arkegrama es un modelo cosmológico, que representa la estructura y proceso fundamentales de la energía, puede utilizarse como esquema de la pirámide ecológica, de los procesos energéticos y de los niveles del paisaje, relacionado con los nichos ecológicos, etc.
El Arkegrama podría servir, así mismo, como modelo para la organización de nuevas comunidades (ecoaldeas), ya que los objetivos de estas son el regreso a la tierra y a formas de vidas originarias y el modelo contenido en el Arkegrama se basa en la relación armoniosa del hombre con su entorno y según los ciclos energéticos cósmicos. Puede utilizarse como calendario que regule la relación de la comunidad con los procesos naturales de la agricultura, la ganadería etc, y como modelo de organización social, de las relaciones entre los miembros de la comunidad y de estos con los ciclos naturales.
“La ecología es una ciencia relativamente nueva” se puede leer en un manual. Sin embargo, este mismo manual admite que su fundación parece ser mucho más lejana en el tiempo. Por mi parte pienso que la ecología es tan antigua como el hombre. La ecología estudia las relaciones mutuas entre los organismos y el medio ambiente. La ecología es posible sólo desde un paradigma holístico. Como hemos visto, el Modelo Originario se basa en un paradigma de este tipo, que es el practicado por las artes y ciencias de las cosmovisiones antiguas, indígenas y tradicionales. No quiero decir con esto que en las culturas originarias existiera la ecología como tal, sino que estaba de tal manera implicada en su manera de ver el mundo que ni era necesario hablar de ello y ni mucho menos crear una especialidad aparte. La relación del hombre antiguo con su entorno era ecológica. En la medida en que se produce cierta sistematización de los conocimientos, que se originan a partir de las observaciones primarias de los procesos naturales, podríamos hablar de un germen de ciencia.
Como escribe Paul Sheppard: “Si bien la ecología puede ser tratada como una ciencia, su sabiduría mayor y avasalladora es universal. Podemos acercarnos a esta sabiduría matemática o químicamente, o podemos bailarla o contarla como si fuera un mito (...) Está de manifiesto, por ejemplo, entre los griegos preclásicos, en la religión y en la orientación social de los navajos, en la poesía romántica de los siglos XVIII y XIX, en la pintura paisajística china del siglo XI, en la filosofía whiteheadiana actual, en el budismo zen, en la visión del mundo de la gran Madre cretense, en los ceremoniales de los cazadores bosquimanos y en la metafísica cristiana medieval de la luz. Lo que todas estas formas [que yo ampliaría a la totalidad de las ciencias antiguas] tienen en común es un profundo sentido de compromiso con el paisaje [y con el mundo, en su totalidad considerada como sagrada, es decir, holística, global], con las profundas conexiones con el entorno y con los procesos naturales que están en el centro de toda vida.”
El término ecología fue acuñado por Ernst Haeckel en la década de 1890. El término deriva de los términos griegos oikos y logos, y significa ciencia o estudio de los hogares y por extensión de la casa, del planeta vivo, de Gaia. La ecología puede ser vivencial, como lo era para nuestros antepasados, y siguiendo esta pista aparece la ecología profunda creada por el filósofo noruego Arne Naess. “Esta emerge como modo de desarrollar un equilibrio y una armonía nuevos entre los individuos, las comunidades y el conjunto de la Naturaleza. Puede en potencia satisfacer nuestros más profundos anhelos; la fe y la confianza en nuestras más elementales intuiciones; el valor para tomar una acción directa; la gozosa confianza para bailar con las sensuales armonías descubiertas a través del contacto espontáneo y lúcido con los ritmos de nuestros cuerpos, los ritmos del agua en movimiento, los cambios del tiempo y de las estaciones y el conjunto de los procesos de la vida sobre la Tierra.” La cita es de Bill Devall y George Sessions.
El Arkegrama es un paradigma holístico, ya se ha dicho y repetido. Como se puede leer en El Diccionario Verde de Colin Jonson: “El holismo es un componente esencial de la filosofía verde. Los verdes lo entienden como un concepto universalmente inclusivo; todo está relacionado con todo lo demás, nada existe en aislamiento. Esencialmente, el holismo tiene que ver con las relaciones, con el modo en que las cosas interactúan y con la motivación existente en la naturaleza a formar todos.” Estos todos pueden explicarse por las mónadas de Leibniz, por los holones de Koestler, por las matrices de diversos autores o por los primodios, estructuras y procesos básicos que remiten a un único arquetipo, que yo postulo. Distintas configuraciones de la misma idea que Koestler explica de la siguiente manera: un holón es “un subtodo; una estructura estable e integrada, equipada con dispositivos autorreguladores y que goza de un notable grado de autonomía y autogobierno.”
La historia del movimiento ecologista comenzó a desarrollarse a partir del libro Primavera silenciosa (1962) de Rachel Carson. Libro que recibió oposición incluso antes de su publicación, tanto por instancias oficiales como por la industria. El libro tuvo, sin embargo, una enorme influencia, proporcionando unidad y fuerza a lo que hasta entonces era una conciencia incipiente y dispersa.
Me pregunto que le falta al hombre occidental para que hasta 1962 no haya comenzado a reaccionar contra la sobreexplotación de los recursos naturales y hasta 1992 para aprobar una convención marco internacional sobre cambio climático, cuando “un indio ignorante” como Seattle fuera ya consciente del problema en 1885.
¿No querrá decir esto que tenemos que recuperar la manera de ver, sentir y vivir de los pueblos indígenas y tradicionales, si no queremos que el insaciable apetito del hombre blanco acabe devorando la tierra y dejando tras sí sólo un desierto?
Dentro de activismo ecologista hay varias posturas:
Están los conservacionistas que con una visión antropocéntrica propugnan que la ecología ha de regular la relación entre la naturaleza y los hombres, pero que la naturaleza ha de estar al servicio de los intereses humanos.
Los partidarios de la ecología social piensan que la crisis ecológica actual es producto del sistema económico capitalista. La ecología social tiene una importante influencia tanto en el ecoanarquismo como en el ecologismo marxista.
Los ecofeministas pretenden unificar las propuestas del movimiento feminista y el ecologista, denuncian la asociación que el patriarcado actual establece entre las mujeres y la naturaleza y considera que la dominación y explotación de las mujeres y la dominación y explotación de la naturaleza tienen un origen común.
Los reformistas se limitan a una lucha puntual contra la contaminación y la disminución o desaparición de recursos admitiendo, incluso en esta, una oportunidad de mercado para el capitalismo.
Los seguidores de la ecología profunda afirman, en palabras del filósofo noruego Arne Naess, su fundador, que:
Una de las normas fundamentales de la ecología profunda es que, en principio, cada forma de vida tiene derecho a vivir y florecer. Obviamente, de acuerdo a cómo está hecho el mundo, debemos matar para poder comer, pero la ecología profunda posee una intuición básica en el sentido de que no tenemos derecho a destruir a otros seres vivos sin razón suficiente.
...
Para la ecología profunda, en la biosfera existe una democracia central. El movimiento ecológico poco profundo tiende a hablar sólo sobre recursos para los humanos, mientras que en la ecología profunda hablamos de recursos para todas las especies.
…
La ecología profunda se caracteriza por tener una visión de largo alcance - nos sentimos responsables de las generaciones futuras, no solo de la primera, sino también de la segunda, de la tercera y la cuarta generación. Nuestra perspectiva en el tiempo y el espacio es muy larga. En contraste, el movimiento ecológico poco profundo tiende a reparar solamente algunas de las peores consecuencias de nuestra forma de vida y estructura social - pero no se encauza hacia cuestiones fundamentales.
Simple en medios, rico en fines
Una Entrevista con Arne Naess por Stephan Bodian
La ecología profunda en palabras de su fundador “apunta a una metafísica, a una epistemología, a una cosmología nuevas así como a una nueva ética medio ambiental de la relación persona/planeta.”
El problema que yo le veo a la ecología profunda, al menos tal y como la presenta Arne Naess, es que, estando de acuerdo con sus propuestas fundamentales de redescubrir el carácter sagrado del mundo y aprender a respetar su armonía originaria, nos vuelve a meter en el galimatías de la terminología filosófica occidental, la contradicción de la autorrealización cuando no hay nada que realizar (ya que lo espiritual no está sujeto a evolución, desarrollo, me refiero al concepto de “audesarrollo” de Naess). No hay, pues, nada que desarrollar, lo que hay es que aprender a mirar. Yo creo que, tal y como proponen los pueblos originarios, es todo mucho más sencillo y se puede expresar de manera más primaria, más cercana a la experiencia y a la vida cotidiana.
Ahora bien, tal y como expone Alan Drengson en su artículo El movimiento de ecología profunda:
Muchos otros autores han desarrollado ecosofías bastante semejantes a la de Naess, basadas en la idea de expandir la conciencia y el amor hacia un Uno Mismo ecológico más amplio. Sin embargo, otras personas que apoyan al movimiento de ecología profunda tienen ecosofías que no parten del imperativo de auto-realización.
La cultura industrial se representa a sí misma como el único modelo aceptable de desarrollo. Sin embargo, la aplicación de este modelo y de sus sistemas financiero y tecnológico a todos los rincones del planeta desemboca en la destrucción del habitat, la extinción de especies, y la destrucción de culturas indígenas. La crisis de la biodiversidad tiene que ver con la pérdida de especies críticas que desarrollan funciones biológicas necesarias y también con la pérdida de una multitud de otros valores que son buenos en sí y que dependen de la preservación de la diversidad natural y de los procesos evolutivos silvestres. La sociedad industrial es una monocultura en cuanto a agricultura y silvicultura y en todas las demás formas. Sus modelos de desarrollo consideran a la Tierra solamente como materia prima que debe utilizarse para satisfacer el consumo y la producción, para cubrir no sólo las necesidades vitales sino que los deseos desmedidos cuya satisfacción requiere un consumo cada vez mayor. Sus monoculturas destruyen la diversidad cultural y biológica, ambas buenas en sí mismas.
Si no aceptamos el modelo de desarrollo industrial, entonces ¿qué?. El respaldo de los principios de la plataforma de la ecología profunda nos lleva a ocuparnos de las ecosofías de los pueblos aborígenes e indígenas para aprender de ellos valores y prácticas que pueden ayudarnos a vivir en forma sabia en lugares vecinos. También aprendemos de la sabiduría de nuestros lugares y de los muchos seres que habitan en ellos. Al mismo tiempo, los valores ecocéntricos implícitos en la plataforma nos llevan a reconocer que todas las culturas humanas tienen un mutuo interés en ver que la Tierra y su diversidad continúen por su propio bien y porque la amamos. La mayor parte de las personas quieren florecer y realizarse a si mismos en armonía con los otros seres y culturas. ¿Será posible desarrollar entendimientos comunes que nos permitan trabajar con la civilidad en busca de armonía con otras criaturas y seres? Los principios de la plataforma de la ecología profunda son un paso más en esa dirección. El respeto por la diversidad nos lleva a reconocer aquellas formas de sabiduría ecológica que se desarrollan de modo específico respecto al lugar y el contexto. Así, los partidarios del movimiento de ecología profunda ponen énfasis en la sabiduría ecológica específica de lugares específicos y en las prácticas de la tecnología vernacular. No hay ninguna filosofía ni tecnología que puedan ser aplicables en todo el planeta.
Como vengo diciendo, no es necesario reinventar nada: los planteamientos de la ecología profunda (no me refiero, por supuesto, a la ciencia de la ecología), está presente en la cosmovisión de los pueblos originarios y sólo es necesario recuperarla. En este sentido, quizá fuera necesario hablar de una ecología originaria. Una breve introducción a esta puede encontrarse en Fragmento de Los cuadernos de Jana sobre ecología.
En cierta medida esto último es muy parecido a las tesis de Jerry Mander (en su libro En ausencia de lo Sagrado). Jerry Mander es presidente del IFG, una alianza de 60 organizaciones en 20 países, que desarrolla campañas y educación pública sobre temas de globalización económica y es director de la Fundación para la Ecología Profunda.
Según este los indígenas nos recuerdan ciertas verdades fundamentales, la más importante de las cuales es la reverencia por la tierra.
“Un reportero tendría que pasar mucho tiempo con los indígenas para entender por qué cavar hoyos en la tierra para extraer minerales es un sacrilegio, o por qué el desvío de un riachuelo puede destruir una cultura...”.
“He visto a personas blancas reírse cuando jóvenes activistas indígenas se paran en las reuniones para denunciar alguna obra minera como 'una profanación de nuestra madre la tierra', sin comprender que abrir una mina en la tierra es para un indio equivalente a destrozar la basílica de san Pedro para vender el mármol”.
Para Mander son los indígenas los que nos permiten recuperar un mundo en el que la tierra no es considerada simplemente como un ser inerte sino como un ser vivo.
“Su piel era el suelo, su alma residía en las rocas y en los huesos de los muertos, y sus órganos eran los ríos (torrente sanguíneo) y los vientos (pulmones)”.
El planeta es un ser vivo, la Gran Madre Tierra. Y esto no es sólo una metáfora.
En esta línea se declaran artistas e intelectuales de todo el mundo. Nos parece especialmente interesante la postura de Vandana Shiva. En el siguiente enlace tenéis una entrevista en The Ecologict.
http://www.theecologist.net/files/articulos/31_art4.asp
Estamos, pues, de acuerdo con los planteamientos de la ecología profunda, al poner de relieve que, hasta la modernidad, la actitud del hombre hacia la naturaleza ha sido una actitud de sagrado respeto y reverencia religiosa (en el sentido etimológico del término y no de pertenencia a un determinado credo o institución), tal y como se observa en los pueblos antiguos, indígenas y tradicionales. Lo cual no quiere decir que estemos a favor de todos sus planteamientos o de las acciones (algunas muy criticadas) que se llevan a cabo en su nombre.
Quiero ir un poco más allá al manifestar la intención de recuperar e integrar las cosmovisiones originarias enlazando mental, psíquica y emocionalmente con nuestra primigenia manera de entender, sentir y vivir el mundo. Propongo, por tanto, una relación holística, de todas las dimensiones y potencialidades del hombre con su entorno natural, desligándose de la terminología que utiliza la cosmovisión cientifista occidental, y esto, porque el lenguaje simbólico de las cosmovisiones originarias está más cerca de lo real, al ser más amplio, más holítisco, que el lenguaje lógico-racional, analítico y conceptual, de la ciencia moderna. Por eso propongo recuperar aquel lenguaje simbólico-analógico basado más en la síntesis que en el análisis, así como las ancestrales prácticas que se fundamentan en él, entre otras las de la primera espiritualidad humana, el chamanismo. Prácticas que aún perviven en el fondo de nuestros corazones y mentes modernas por ser intuitivas, primarias, directas, razón por la que afloran, aun cuando no seamos conscientes de ello, en algunas de nuestras expresiones artísticas. Digo recuperar para nuestra época aunque no, exactamente, sus formas concretas, tal y como está de moda por cierto tipo de folclorismo étnico, sino sus procedimientos, la esencia de sus técnicas, reelaborándolas, creando a partir de ellas, recuperando la línea que ellos, los chamanes, los primeros hombres de ciencia, poetas y artistas, iniciaron y que quedó interrumpida en algún momento de nuestra historia. Con lo cual, dicho sea de paso, me desmarco de algunas prácticas neochamánicas y de la New Age.
De alguna manera ese chamanismo primordial no ha muerto, se manifiesta en las antiguas fiestas y rituales paganos hoy cristianizados, mitos y leyendas, costumbres, cuentos y dichos populares, y desfigurado en los mitos y rituales modernos, en nuestros símbolos y sueños... y de muchas otras maneras.