viernes, 23 de mayo de 2008

Fragmento de Los cuadernos de Jana sobre ecología

Decía Jana que

Estando, pues, en lo fundamental de acuerdo con Arne Naess y otros ecósofos, planteaba Jana que no puede comprenderse de manera profunda ese tipo de nociones que ellos llaman ecología profunda con la mente racional y sus instrumentos cognitivos ni expresarse en el lenguaje analítico-conceptual de la filosofía ni en el especializado y reduccionista de la ciencia occidental. Según se profundiza en el conocimiento de los ritmos cósmicos de la naturaleza estos lenguajes resultan insuficientes. Es por eso que en los pueblos antiguos, indígenas y tradicionales se expresaban y describían el mundo a través de metáforas, símbolos y mitos, es por eso que aún lo hacen “algunos poetas” (recalcaba lo de algunos: “hoy a cualquier emborronapapeles se le llama poeta”). Proponía, pues, este tipo de acercamiento, el único posible, a lo originario. Lo cual le llevaba a un viaje iniciático a través del paisaje (un paisaje concreto: el de Andalucía oriental, como se dijo) que fue y es un paisaje sagrado y a través de un acercamiento al lenguaje sagrado de los pueblos originarios con el fin de recuperar e integrar, interiorizar, su visión primaria del mundo que da lugar a la cosmovisión originaria. Y todo ello ligado a ciertos nuevos paradigmas de la ciencia que conectan con las cosmovisiones originarias y encuadrado en la necesidad de una “nueva oleada creativa” (el término es de David Bohm y David Peat) en un movimiento retroprogresivo (el término es de Salvador Pániker en Aproximación al origen) que nos saque de la situación de estancamiento actual.

Todo se resumía en “escuchar a la Tierra en su coito con el Cielo y a sus hijos, al agua en su coito con el fuego”. Coito en su sentido real y figurado. Ese era el punto.

La ecología no es un asunto práctico (ecología superficial) ni filosófico (ecología profunda), es un asunto de percepción vital, de vivencia. Cuando desde los movimientos ecologistas se dice ``Es necesaria una nueva ética, que abarque a las plantas y los animales así como las personas, para que las sociedades humanas puedan vivir en armonía con el mundo natural del cual dependen para la supervivencia y el bienestar.´´ Jana apuntaba: “Los principios de la ecología ya están formulados desde el neolítico por los pueblos originarios. No hay que inventar plataformas ideológicas, éticas o filosóficas nuevas. No es una nueva ética lo que se necesita, es mucho más simple: se trata de recuperar la ética que se desprende de la visión originaria que se halla en el fondo de nuestra mente-corazón ¡Recuperémosla!”


“Los hombres modernos se dejan confundir por la aparente diversidad de las cosmovisiones y modelos del mundo de los pueblos originarios, por la diversidad de sus peculiaridades de lenguajes y culturas. No comprenden que son análogas porque tienen un único referente: son descripciones de los movimientos del cielo con relación a la tierra, lo que les sirve como analogía para describir la estructura y proceso básicos –arquetípicos de la energía cósmica, la correspondencia de los ciclos-ritmos-procesos energéticos y sus formas-estructuras en la naturaleza y en el hombre. Son profundamente ecológicas: son la ecología misma. Es decir, la visión ecológica está implícita en su ciencia y su lenguaje de tal forma que no necesita crear ninguna especialidad científica, ninguna ciencia aparte, para referirse a ella, como lo hace la ciencia occidental moderna.”

El problema para nosotros se halla en que los pueblos originarios actuaron sobre su propio territorios y hoy lo hacemos sobre el conjunto del ecosistema del Planeta. Sin embargo, no hay problema porque los pueblos originarios incluyeron en la parte el todo, por lo que sus sistemas aún refiriéndose a la parte se refieren al todo. Quitemos de sus cosmovisiones las particularidades y nos daremos cuenta de que todos los sistemas originarios son el mismo, pues se refieren a un mismo todo. Esto es lo que la autora intenta con el Arkegrama.

Además había otra cuestión no menos importante: el contacto con las cosmovisiones originarias era fácil en aquellos lugares de la tierra donde aún vivían pueblos indígenas (aunque fuera acorralados, diezmados por el mundo industrializado), pero ¿qué pasaba con Europa? Las ideologías progresistas habían renunciado a toda relación con nuestros antepasados por una visión utópica de corte moderno, dejando esa conexión en mano de los fascismos, que lo presentaban de manera perversa (véase por ejemplo en nazismo), de forma totalitaria y racista. Jana no veía contradicción entre la recuperación de las cosmovisiones originarias y el progresismo, es más creía que sus auténticos herederos eran ellos. "Algo de esto, aunque con matizaciones, se encuentra en el socialismo de Blas Infante."

Para terminar proponía los siguientes principios del Ecologismo originario:

1. La tierra es un organismo vivo, la humanidad es una parte que no puede arrogarse la dirección de todo el organismo. No es esta una cuestión moral (“no debemos hacerlo”) sino una cuestión fáctica (“aunque queramos no podemos: todo intento por hacerlo está condenado al fracaso, y sólo consigue contener por un tiempo el mal o empeorar la situación”).

2. Dejar de intervenir significa permitir que la tierra se regule a sí misma y nos regule. Es por tanto necesario escuchar a la Tierra en su coito (unión) con el Cielo.

3. Dejar de intervenir no significa no hacer nada, sino dejar de hacer aquello que no nos corresponde hacer. O lo que es lo mismo, todo aquello que supere la capacidad de autorregulación de la Tierra. No es que no contaminemos (algo imposible ya que incluso encender un fuego es contaminar) sino que sólo lo hagamos en la medida justa para que la Tierra pueda aplicar sus funciones de limpieza y pueda actuar su vis medicatrix, la fuerza curativa natural que postuló Hipócrates.

4. Para establecer la medida justa es preciso escuchar a la Tierra y para escuchar a la tierra es preciso no intervenir con el ruido y contaminación de nuestros pensamientos condicionados, de nuestros prejuicios y creencias.

5. Escuchar a la Tierra en su coito con el Cielo y a sus hijos o energías, el agua y el fuego, lo podemos aprender de las cosmovisiones y modelos originarios, tanto de los que están fuera (las diversas culturas concretas de los pueblos originarios) como dentro de nosotros (sistema de arquetipos y símbolos primordiales del inconsciente colectivo al que accedemos por cierto tipo de introspección arqueopsíquica). El lenguaje y el pensamiento lógico-racional-reductivo-conceptual-analítico de la ciencia occidental moderna no nos ayuda. Hemos de aprender el lenguaje holístico-simbólico de los pueblos originarios. Lo cual no quiere decir que renunciemos a las conquistas de la ciencia y tecnología moderna. La relación, de estas últimas, con el hombre y su medio ambiente se hallan implícitas en la cosmovisión originaria, en cuanto esta es intrínsecamente ecológica, holística, empírica, lógica y racional sin renunciar al pensamiento analógico simbólico.


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