miércoles, 26 de marzo de 2008

Tarot




Se ha dicho que el Tarot es un “modelo del universo”, un “mapa del viaje” (Sallie Nichols), una “matriz del Cosmos”, “un test proyectivo” (Tchalaï Unger), una “filosofía de la vida” (Emilio Salas), “el libro más antiguo del mundo” (Papus), una “imagen del camino de la iniciación” (Eliphas Lévi, Marc Haven, Oswald Wirth, Juan-Eduardo Cirlot), y, sin duda, eso es, pero, también, algo más: templo o palacio de la conciencia, rueda de las transformaciones, de la vida y de la muerte, del proceso unificado de la energía, árbol sagrado, torre de Dios, montaña mágica, urdimbre y trama del cósmico tapiz, diagrama único de las formas arquetípicas, ábaco de la aritmética sagrada, representación del los múltiples niveles del mundo que según su sistema de ejes y coordenadas refleja la imago mundi y la escala de valores de la Filosofía Perenne, clave del alfabeto sagrado y de su exacta gramática de símbolos primordiales, tratado y modelo universal de las artes y ciencias antiguas.

El Libro de Thot es un tratado completo de la ciencia antigua, de la Philosophia Perennis, pero se trata de un libro roto, con páginas materialmente sueltas, lo que hace dificultoso interpretar sus alegorías y símbolos como un todo ordenado. Además, del desorden de significaciones introducido, a lo largo del tiempo, por las distintas y contradictorias interpretaciones de sus exegetas. Para reconstruirlo es necesario comprender que sus páginas forman un sistema, completo y coherente, de elementos interrelacionados y en movimiento, que se corresponde exactamente con el de las otras disciplinas antiguas. La cuestión es encontrar la clave. La clave no puede ser sino el modelo originario de la ciencia antigua contenido de forma implícita en todas las artes y ciencias antiguas y en los diagramas cósmicos o mandalas de las antiguas civilizaciones.



Resulta más importante describir ese sistema general de relaciones, su lógica interna, su orden implicado, que describir su orden aparente, sucesivo, mecánico. Sin embargo, a esto último se han limitado, prácticamente la mayoría, por no decir todos, los estudiosos del Tarot, hasta la fecha, estableciendo unas correspondencias entre arcanos y de estos con otros sistemas de manera o puramente subjetiva o totalmente arbitraria, basadas más en el gusto personal, en una particular creencia, en una supuesta intuición, que en un estudio sistemático en relación con los principios básicos de la visión del mundo que contiene. Esto se comprueba, en una primera aproximación, al observar la importancia que estas autoridades dan al orden de sucesión numeral de los arcanos, cuando en realidad este es sólo un orden aparente, ya que los números tenían para la filosofía sagrada de los antiguos una significación cualitativa, tal y como recoge Pitágoras.

Si el Tarot es un lenguaje, y eso parece, no resulta razonable afirmar que pueda ser distinto para cada uno de los que lo usa. Si fuera así no habría manera de entenderse. Todo lenguaje es siempre algo colectivo y, por serlo, descansa en un “objeto de muchos” y, por eso, tiene una gramática común, con normas válidas para todos sus usuarios. Otra cosa es que las alegorías (distintas a los símbolos) contenidas en sus arcanos puedan sugerir cosas más o menos diferentes a cada uno de los que las contemplan. Evidentemente, al entrar en relación con su propio sistema de valores.

Aunque los símbolos sean el lenguaje del inconsciente ello no quiere decir que carezcan de lógica. El inconsciente carece de la lógica del consciente pero tiene su propia lógica. La creación de los símbolos obedece al inconsciente en su proceso más intuitivo, pero sobre la base de un sistema lógico, ordenado, que en última instancia remite a los arquetipos primordiales que representan los momentos esenciales del proceso cósmico de la energía. Un símbolo no significa nada si no es inserto, explícita o implícitamente, en un sistema de relaciones, de valores que le dan sentido. Para conocer su significado necesitamos conocer su gramática, su sintaxis. Lo que se ha escrito sobre el Tarot no nos sirve, pues como hemos dicho está exclusivamente basado en intuiciones e impresiones-imprecisiones subjetivas. Es por eso necesario recurrir a ciencias antiguas como la astrología, el I Ching, la alquimia o la Cábala que sí está suficientemente sistematizada, y construidas sobre la base del mismo modelo, ya que responden a análoga concepción del mundo. El problema es encontrar la clave, el modelo originario y universal que las relacione.



Se ha tratado de descubrir la clave interpretativa del Tarot relacionándolo con las ciencias o disciplinas antiguas, produciendo, por fusión, una acumulación de elementos confusos y heterogéneos, basados en asociaciones arbitrarias y subjetivas, pero la clave no puede ser otra que la investigación lógica y racional, por síntesis, de sus elementos constitutivos según los ejes orientativos básicos y los principios subyacentes de la visión del mundo que representan contenidos de manera implícita, como se ha dicho, en la astrología, en el I Ching, en la cábala, en la alquimia, en la mitología. La investigación científica del concepto, estructura y proceso básicos de la energía que tenían los antiguos nos proporcionaría la clave para comprender los principios y leyes fundamentales de su visión del mundo, de su sabiduría, de su ciencia. Poner ese sistema en relación con los modelos holísticos de la ciencia contemporánea, tales como la Teoría de Sistemas y el Paradigma holográfico de Bohm-Pribram, las investigaciones sobre la sincronicidad de Jung, Pauli y Peat y las aportaciones de Koestler, Capra, Sheldrake y otros nos abrirían al descubrimiento y comprensión del modelo básico, subyacente, unificado y, por lo tanto, universal de la ciencia perenne, en su versión contemporánea.