miércoles, 26 de marzo de 2008

Sobre las constelaciones



podemos definir dos grupos importantes de constelaciones, uno de clara procedencia mesopotámica situado principalmente alrededor de la eclíptica (y otras como el Águila o el Dragón), creado desde los orígenes de la civilización sumeria o antes, abarcando un periodo de tiempo que va quizás del 3000 a.C. al 500 a.C., y el otro formado por el resto de constelaciones clásicas, de las cuales tenemos las primeras referencias directas con Arato (siglo III a.C.), aunque como hemos visto, existen evidencias claras de que pueden ser más antiguas (siglo V a.C., o quizás 2000 a.C., según Ovenden). De dónde viene este segundo grupo no está claro. Algunos investigadores proponen la civilización minoica (A. Roy), los asirios, los hititas o los fenicios (J. A. Belmonte) como origen posible, poniendo una fecha de creación del 3000 a.C. hasta el 1000 a.C., aunque la fecha exacta es muy difícil de precisar, pues es más que posible que haya sido un proceso continuado en el tiempo, más que uno puntual. Tanto el origen fenicio como el minoico (o quizás compartido) se enfrentan a un problema, y es lo poco, por no decir nada, que sabemos de los conocimientos astronómicos de estos pueblos. Además es posible también que haya varios orígenes para este grupo de constelaciones. El hecho de que este segundo grupo de constelaciones esté formado por asterismos orientados respecto a los polos y el ecuador celeste ha llevado a muchos autores a sugerir que fueron creadas por un pueblo de navegantes.

Por otro lado, algunos investigadores actuales relacionan a los minoicos con otros pueblos preindoeuropeos como los etruscos, iberos y los vascos, que serían los restos de un sustrato de pueblos relacionados lingüísticamente que habitaron todo el Mediterráneo antes del segundo milenio a.C., por lo que quizás ésta sería la cultura creadora de parte de las constelaciones. Huelga decir que estas hipótesis son altamente controvertidas y no están ni mucho menos aceptadas por la comunidad científica. Otros autores sugieren una explicación más sencilla y atribuyen el origen de este segundo grupo a los propios griegos. En este caso, suponen que estas constelaciones fueron creadas en el periodo que va del año 1000 a.C. al 500 a.C. Hay que descartar un origen griego anterior al año 1000 a.C. ya que, como hemos visto, ni Homero ni Hesiodo hacen mención a estas constelaciones.

Posteriormente serían los griegos, u otro pueblo (¿los fenicios?), los que fundirían ambas tradiciones, la mesopotámica y la desconocida, en el periodo 1000-400 a.C. Viajando hacia atrás en el tiempo, parece que las constelaciones más antiguas tendrían su origen en Mesopotamia durante el cuarto milenio a.C., pero surge la pregunta: ¿no es posible remontarse a épocas aún más tempranas?. Naturalmente, al hacer esto nos introducimos en la prehistoria, por lo que la falta de documentos que ello conlleva parece un obstáculo prácticamente insuperable. Pese a todo, numerosos autores han intentado ver vestigios de constelaciones en culturas prehistóricas. A este respecto destaca el gran número de pueblos distribuidos por todo el hemisferio norte que ven en la constelación de la Osa Mayor este animal, por lo que sugieren que su origen se remonta al menos hasta unos 15000 años a.C, cuando los primeros seres humanos cruzaron a América por el estrecho de Bering. Algunos van más lejos y proponen la fecha del 50000 a.C. como origen, coincidiendo con el culto paleolítico al oso de las cavernas. Otra constelación que podría tener un origen prehistórico es Tauro, pues algunos investigadores relacionan las pinturas de las cuevas de Altamira o Lascaux con mapas celestes, en los que destaca la figura de un toro (en realidad un auroch), aunque no se ha podido comprobar esta relación. Otros autores como Gurshtein sugieren un origen prehistórico (16000 a.C.), no sólo de unas cuantas constelaciones, sino de un gran número de ellas.

http://www.danielmarin.es/hdc/historia.htm